Acompañarte a subir tu propia montaña
¿Te acuerdas de que hace unos días te contaba que hacer terapia es como subir una montaña?
Y que subir montañas no lo hace cualquiera.
El camino no siempre es fácil, ni estable, ni cómodo. Subir hasta la cima tiene sus dificultades y solo tú puedes afrontarlas, porque tú decides hasta dónde quieres llegar. Al fin y al cabo, eres la única persona responsable de tu vida.
Eso mismo ocurre con la terapia.
Por eso digo muchas veces que ir a terapia es de valientes.
Cuando una persona llega a terapia, en ocasiones espera que yo le solucione la vida rápidamente. Pero ni rápidamente, ni solucionarte la vida. No tengo magia para hacerlo, ni soy la responsable de tu vida.
Mi responsabilidad contigo es otra: acompañarte en la subida de tu montaña.
Estar a tu lado tanto en los tramos más empinados como en los más llevaderos, aportándote herramientas, perspectiva y conocimiento para que avances al ritmo que realmente necesites y quieras, sin juicios y con amabilidad.
Ir a terapia no es que alguien te arregle la vida. Es decidir responsabilizarte de ella.
Cuando iniciamos un proceso terapéutico por la necesidad que sea —por ejemplo, sentirte escuchado para desahogarte, atravesar una ruptura de pareja, resolver un asunto pendiente con tu madre o empezar a darle forma a un nuevo rumbo en tu vida—, a menudo aparecen otros temas que también necesitan ser mirados.
Te pongo un ejemplo.
Una persona llega a terapia porque tiene problemas con una compañera de trabajo. Le altera, le pone de “mala leche” y necesita encontrar una solución a ese malvivir. Durante las sesiones vamos viendo que ese tipo de relación que le despierta tanta rabia se repite en distintos momentos de su vida.
Vamos explorando otras situaciones y relaciones… hasta que llegamos al kit de la cuestión: una gestalt inconclusa, una herida que sigue abierta. En este caso, la “mala leche” no tiene tanto que ver con su compañera de trabajo, sino con algo más profundo: su relación con su madre.
Cuando aparece ese darse cuenta, se abre una nueva posibilidad de trabajo.
Siempre, claro, si la persona quiere responsabilizarse también de ese tema.
Con esto no quiero decir que no existan personas que nos saquen de quicio. Claro que existen. Nuestros queridos “espejitos”, que aparecen en nuestra vida por alguna razón… pero eso lo dejamos para otro día.
Ir a terapia significa responsabilizarte de lo que te pasa y de cómo lo haces.
También implica cuidar el compromiso con el proceso. Con la persona que tienes delante —tu terapeuta— hay un acuerdo. Estar a tu servicio no significa dejar a la terapeuta preparada con su mochila en la falda de la montaña si decides no subir el día pactado. Si algo cambia, hazte responsable y comunícalo.
Por mi parte, te ofrezco un espacio seguro de escucha y confianza para acompañarte en la necesidad que tengas en este momento de tu vida.
Porque sí:
ir a terapia es de valientes.
Y subir montañas… no lo hace cualquiera.
Si sientes que necesitas a alguien con un poco más de perspectiva, un buen mapa del territorio y una brújula, aquí me tienes.
Con ganas de escucharte y acompañarte.
A veces subir la montaña solo se hace muy cuesta arriba. Si sientes que necesitas acompañamiento, aquí tienes un espacio donde hacerlo con calma, escucha y respeto.
¿Necesitas ayuda?
Venga, escríbeme y reserva tu hora.
Y yo, te acompaño a vivir tu vida con mayor conexión y plenitud, siendo TÚ la persona protagonista de tu vida.


